En este post quiero dedicarle unas reflexiones y recuerdos a mi princesa Daniela, a poco de haber ella cumplido 5 años de vida, aunque es injusto contar la edad desde el nacimiento, pues como sabemos la vida nuestra empieza desde la unión de espermatozoide y óvulo en el vientre materno, así q mi niña tiene algo de 5 años y nueve meses de vida.
Con su llegada a nuestra vida llegaron muchos cambios, pues a este joven padre y a su esposa nada los preparó para tal responsabilidad. De hecho fuimos el primer matrimonio dentro de nuestro grupo de amigos q se casó y el primero en encargar familia, y las muchas conversaciones previas resultaron poco, aunque no por ello desechables, sino todo lo contrario, ante lo q significó el nacimiento de Daniela. Ella llegó como un vendaval a cambiarnos todo, para bien, para mejor.
Yo esperaba q Dios nos envíe una niña, pues algo en mi interior me predisponía a ello. Mi esposa, abierta como yo a lo q Dios quisiera, anhelaba un niño, y cuando fuimos a una de la ecografías en donde ya se vería el sexo del bebé me emocioné bastante al saber q esperábamos a una nena, fue un baldazo de alegría q no pude contener. Tocaba ahora preparar su habitación, su ropa, y todo lo q logísticamente necesitaría. Imposible olvidar la gran ayuda de las amistades en este proceso: desde consejos invaluables hasta un día entero de trabajo pintando ellos la habitación de Daniela pocos días previos a su llegada. Esos gestos no pensados, no calculados, sino espontáneos y frescos son los q fortalecen las relaciones entre personas, evidencian q adentro de los corazones hay verdadero amor, dispuesto a entregarse a los amigos necesitados. Mi gratitud eterna a ellos.
La princesa nació, a Karin se le complicó un poco el útero luego de la cesárea pero, nuevamente por bondad de Dios, no pasó a mayores el tema. Y empezaron a manifestarse los cambios prácticos en nuestras vidas: controles periódicos con la pediatra, aprender a cambiar pañales, aprender inclusive a cargar a la bebé, etc. Recuerdo q yo no sabía cargarla y me daba miedo hacerlo; Karin me iba enseñando hasta q desarrollé una habilidad especial para cargarla, tanto q cuando la nena lloraba yo aplicaba esa técnica de carguío y automáticamente se tranquilizaba.
Siempre le rehuía yo a la tarea de cambiar pañales, sobre todo si había pufis de por medio, pero finalmente lo hacía con ayuda de Karin o de las abuelas o de Kenny, hasta q un buen día (cuestionable lo de “buen”) llegó mi prueba de fuego: Karin había salido a trabajar y me quedé solo con mi cachetona, llegó la noche y con ella un derrame estomacal de campeonato, como no me quedaba más opción q asumir en soledad el cambio de pañal pues me dispuse a hacerlo. La eché en su cambiador, preparé algodón, pañitos húmedos, crema y agua tibia, traje el pañal limpio y empecé la faena. A mi inexperiencia se sumó el hecho de q Dani se movía demasiado, lo q dio como resultado q todo su cuerpo (todo) y su ropa terminaron embarrados, parte de mi ropa también y el suelo repleto de paños embarrados de la misma desagradable materia. Ese cambio de pañal me tomó muchísimo tiempo, no sé cuánto pq perdí la noción, y dejé el aromático olor por todo el departamento. Yo quedé exhausto, gasté abundancia de paños y algodones, y dejé el olor por todos lados. Karin regresó del trabajo y se rió de mí más tiempo del q me tomó cambiar el bendito pañal.
Esa es una de las muchas anécdotas. Luego hemos aprendido a darle de comer, a bañarla, a peinarla, a hacerla dormir y muchos etcéteras. Aprendí yo a inventar cuentos para ayudarla a dormir, a calmarle el llanto, a pasearla. Tantas cosas. Uno no nace sabiendo estas cosas pero quien nace para ser padre/madre tiene como un chip incorporado en el alma para asumir con valentía y alegría tales roles. Todas estas cosas son un cambio total de esquemas y hábitos, a los flojos como yo nos cuesta más trabajo, pero todo esfuerzo es corto cuando uno ve el resultado dibujado en su carita de traviesa. Y en lo personal, sé q cada una de esas cosas exigentes me realiza.
Pero la valentía y la alegría de las q hablaba suelen abandonarme cuando se trata de enfermedades. En ese tema soy bien cobarde, lo q evidencia un problema de mi psicología q debo trabajar en aras de la responsabilidad. Me sucede q ante algún síntoma de desperfectos en la salud de mi nena yo me descompongo: me preocupo en exceso, me pongo triste y de mal humor, y quiero llevarla de inmediato al médico. No tengo más justificación para ello q el deseo de un padre de ver a sus hijos siempre sanos. Pero felizmente tengo a Karin q me hace poner los pies en la tierra pues en eso es mucho más tranquila. Y yo sé q he progresado en ese tema, pero debo llegar al nivel óptimo. Más cuando me veo muy acompañado por Dios en estos trances: tenemos un buen seguro médico, Danielita tiene un muy buen pediatra, no nos falta medicinas, etc. Toda enfermedad q se ha atrevido a entrar en el cuerpo de mi cachetona ha sido derrotada por, repito, bondad de Dios. Confío en q saldré airoso en este proceso, triunfo q además es un requisito para planificar al hermanito o hermanita de la primogénita.
También está el acompañarla en su proceso de maduración interior. Ella tiene q ser una niña de psicología sólida y fuerte lista a buscar y encontrar el destino para el q ha nacido, y eso tiene q trabajarse desde niña y son muchas las variables q entran en juego. Están los cuidados de sus padres, las atenciones de las abuelas, las relaciones con otros familiares y amigos. Entran también la socialización con sus compañeritos de Nido, la cantidad y calidad de televisión q puede consumir, sus juegos, etc. Las misses y psicólogas del Nido nos dan sus observaciones y recomendaciones, y yo pregunto: ¿a nosotros en nuestra niñez nos hacían todas esas evaluaciones? ¿También a nuestros padres los traumaban así? Como fuere, el barco llegará a buen puerto.
Y así está pasando la vida mía en este nuevo rol q es muy pero muy hermoso. Son muchísimas las cosas q podría comentar, hay material para rato, pero lo mejor está todavía por llegar con cada día q amanece, con cada ocurrencia de Dani (anoche, por ejemplo, me pidió por primera vez q me calle), con cada travesura, con cada baile nuevo, con cada enfermedad, con cada reto nuevo. La búsqueda de Colegio es otro tema. En fin, hay tantas maravillas en la paternidad q lo mejor es disfrutarla día con día.
jueves, 29 de julio de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
El cine peruano
Estos últimos sábados he estado viendo en TV un ciclo de cine hecho en Perú por directores peruanos, guionistas peruanos, y actores peruanos. Ya hace algunos años he visto también otras obras de nuestro cine, y mantengo la misma sensación: decepción, tristeza.
No entiendo por qué todas (creo que no menos del 99%) nuestras películas tienen que acudir a las mismas bajezas: desnudos, sexo, ráfagas de groserías, y violencia. No estoy cuestionando ahora los temas de fondo, las tramas, ese es otro cantar, pero sí las formas. No sé qué piensen otras personas, pero ese tipo de películas a mí no me gusta, y no solo me desagrada, sino que me hace daño. Me explico: recibir en 30 minutos una lista espectacular de lisuras a todo volumen, escenas mañosas y sangre hiere ese poco pudor que aún conservo a mis 35 años.
¿Nos hace bien como personas ese tipo de arte? ¿Podemos llamar 'arte' a creaciones que denigran a las personas? Pienso que no.
¿Qué argumentos pueden darnos los cineastas?
1. «Nuestras películas reflejan la realidad del Perú». Perdón, el Perú, país en el que vivo hace más de 3 décadas, es más que lujuria, violencia, obscenidades y groserías. ¿Acaso nuestros cineastas no conocen realidades positivas en nuestro país? ¿No hay acaso historias reales de gente trabajadora, honesta, limpia? ¿No hay familias de todas las clases sociales que viven con valores muy marcados?
2. «Hay que darle al pueblo lo que le gusta». Bueno, bajo ese argumento repartan alcohol o cocaína en la puerta de los cines. No hay necesidad de darle a la gente productos nocivos solo porque "le gustan". ¿quién dice que todo lo que a uno le gusta le hace bien? A mí me gusta dormir hasta tarde pero esa mala costumbre me hace daño.
En definitiva no veo un esfuerzo por hacer productos grandes, buenos, distintos, sino que hay una constante línea de mediocridad, de buscar lo más fácil, lo que vende rápido, aunque eso signifique lavarse las manos con Pilatos ante los que pedimos películas más decentes.
En aras de la justicia, debo confesar que una película llamó mi atención: "La prueba", de Judith Vélez, con una agradable actuación de Jimena Lindo. Menos mañosería y lisuras que el común de películas peruanas, y una trama distinta, que plantea un dilema moral crítico. Me gustó.
Obviamente, no he visto todas las películas de nuestro cine, pero creo que casi todas, desde los 80's, y me duele como peruano ver talento y dinero desperdiciado. Un ejemplo: acabo de ver "Un cuerpo desnudo", con muy buenos actores, pero con una carga de vulgaridades alucinante, y con una trama simplista que nunca cambió. Esas cosas me hacen pensar lo que pienso. No he visto "Tarata" ni la famosísima película postulante al Oscar, y espero que sean excepciones a esta terrible y denigrante regla que gobierna nuestro cine.
No entiendo por qué todas (creo que no menos del 99%) nuestras películas tienen que acudir a las mismas bajezas: desnudos, sexo, ráfagas de groserías, y violencia. No estoy cuestionando ahora los temas de fondo, las tramas, ese es otro cantar, pero sí las formas. No sé qué piensen otras personas, pero ese tipo de películas a mí no me gusta, y no solo me desagrada, sino que me hace daño. Me explico: recibir en 30 minutos una lista espectacular de lisuras a todo volumen, escenas mañosas y sangre hiere ese poco pudor que aún conservo a mis 35 años.
¿Nos hace bien como personas ese tipo de arte? ¿Podemos llamar 'arte' a creaciones que denigran a las personas? Pienso que no.
¿Qué argumentos pueden darnos los cineastas?
1. «Nuestras películas reflejan la realidad del Perú». Perdón, el Perú, país en el que vivo hace más de 3 décadas, es más que lujuria, violencia, obscenidades y groserías. ¿Acaso nuestros cineastas no conocen realidades positivas en nuestro país? ¿No hay acaso historias reales de gente trabajadora, honesta, limpia? ¿No hay familias de todas las clases sociales que viven con valores muy marcados?
2. «Hay que darle al pueblo lo que le gusta». Bueno, bajo ese argumento repartan alcohol o cocaína en la puerta de los cines. No hay necesidad de darle a la gente productos nocivos solo porque "le gustan". ¿quién dice que todo lo que a uno le gusta le hace bien? A mí me gusta dormir hasta tarde pero esa mala costumbre me hace daño.
En definitiva no veo un esfuerzo por hacer productos grandes, buenos, distintos, sino que hay una constante línea de mediocridad, de buscar lo más fácil, lo que vende rápido, aunque eso signifique lavarse las manos con Pilatos ante los que pedimos películas más decentes.
En aras de la justicia, debo confesar que una película llamó mi atención: "La prueba", de Judith Vélez, con una agradable actuación de Jimena Lindo. Menos mañosería y lisuras que el común de películas peruanas, y una trama distinta, que plantea un dilema moral crítico. Me gustó.
Obviamente, no he visto todas las películas de nuestro cine, pero creo que casi todas, desde los 80's, y me duele como peruano ver talento y dinero desperdiciado. Un ejemplo: acabo de ver "Un cuerpo desnudo", con muy buenos actores, pero con una carga de vulgaridades alucinante, y con una trama simplista que nunca cambió. Esas cosas me hacen pensar lo que pienso. No he visto "Tarata" ni la famosísima película postulante al Oscar, y espero que sean excepciones a esta terrible y denigrante regla que gobierna nuestro cine.
martes, 5 de mayo de 2009
La corrupción. Se cura desde dentro.
«El candidato a puesto de elección que anuncie que va a terminar con la corrupción "de un solo tajo" no solo es un iluso: afirmo que es un irresponsable.» Rubén Blades
El texto de arriba le pertenece, como está indicado, al buen Rubén Blades. ¿Qué tiene que opinar un salsero sobre temas sociales? Para quien no lo sabe, Rubén basa su música y su vida en sus agudas reflexiones sobre la vida, la sociedad, y sobre ese ente que sirve de unión a ambas: el barrio. Por algo también estudió y terminó la carrera de Derecho nada menos que en Harvard.
Él redactó un texto muy interesante sobre la corrupción, y lo quiero compartir en este post. He de advertir que discrepo en su opinión sobre la existencia de Dios: Dios existe sí o sí. Salvo ello comparto plenamente las opiniones del buen Rubén. Comparto sobre todo la reflexión de fondo: nada va a cambiar en el mundo si antes no hay un cambio sincero y profundo en el corazón de las personas, es imposible. Por eso es tan importante que cada día nos esforcemos por ser mejores seres humanos, ser aquello para lo que nacimos.
Aquí el texto para quien quiera disfrutarlo.
Sobre la corrupción
Aún no sé cuántos años tiene Dios, ni si él celebra su cumpleaños. Tampoco sé a quién le reza Dios. No sé siquiera si reza. Cuando era un niño, estas preocupaciones las consulté con mi abuela Emma, la sabia, y savia de mi casa. Recuerdo que se me quedó mirando fija y largamente, y en vez de responder me dedicó una de esas sonrisas anchas y enigmáticas que solo una abuela sabe regalar a un nieto preguntón.
El primer acto de corrupción, según lo establece la Biblia, fue consumado por Eva y Adán sopotocientos mil años atrás, cuando ignorando las advertencias divinas decidieron probar "la prohibida fruta". O sea, la aparición de la corrupción es un poquito más joven que la creación del ser humano, según lo afirma el sagrado texto. Esto indica que la corrupción es un problema tan viejo como la vida misma. ¿Creó Dios la corrupción? ¿O se creó ella con nuestra ayuda?
Las escrituras afirman que Dios es omnipotente, que sobre su voluntad nada impera. Un argumento teológico sostiene que él decidió conceder el privilegio de la voluntad a su creación humana, y que vio traicionada su confianza.
Esto señalaría que a consecuencia de la irresponsabilidad de los dos únicos representantes civiles en la tierra nace la corrupción, antes de la democracia, antes de la dictadura, antes de Torrijos, antes de Arnulfo. Desde entonces, por más de 2 mil años nuestra Iglesia ha combatido la corrupción sin poder eliminarla de nuestra vida diaria. Hoy, en América, señalamos la corrupción política como la única responsable por la miseria, el caos y la mediocridad de nuestras instituciones, públicas y privadas; la culpable por nuestro encierro en un laberinto de oportunidades perdidas. En Panamá también atacamos la corrupción política. Pero aquí, como ocurre en otras Repúblicas, pocos aceptan o critican el problema de la corrupción personal y/o social. Una multitudinaria complicidad hace el punto inmencionable. Somos países sumidos en la mayor de las hipocresías: la de negar que es la corrupción espiritual nacional la que fomenta, alimenta, ayuda y fortalece la corrupción política que criticamos. La corrupción presupone la descomposición de un ente que es, o que fue sano. En nuestro caso, ¿quién puede afirmar la última vez que el ente público fue sano en Panamá? La descomposición política actual viene gestándose desde hace muchísimo tiempo, imagino que desde el primer Gobierno nacional.
El presente nivel de nuestra descomposición espiritual, a nivel nacional, no soporta ya cosméticas explicaciones, ni dedos señalando a gringos, comunistas o militares como los responsables por nuestra desgracia administrativa. La corrupción requiere de un proceso, no es instantánea: demanda el espacio que da el tiempo. En su creación y desarrollo hemos participado todos y todas, de mil maneras. El reflejo del espejo de nuestra sociedad convierte a nuestras caras en las de los políticos que criticamos como corruptos. El candidato a puesto de elección que anuncie que va a terminar con la corrupción "de un solo tajo" no solo es un iluso: afirmo que es un irresponsable. Si la corrupción en Panamá fuera acabada de un tajo, se nos cae el país. La corrupción lo sostiene, porque está en cada uno de nosotros y en nuestros actos. Bajo las actuales condiciones, más práctico sería votar por el candidato más corrupto.
¿Cómo administrar a un país corrupto prescindiendo de la corrupción? ¿Quién dice que aquí ya no mandan los militares? ¡La corrupción es general! ¿Acaso no es corrupto el que engaña a su semejante, el que no paga impuestos, el que coimea y se deja coimear, el que ignora el hambre del que la tiene, el que no cumple con sus obligaciones, el irresponsable social, el que no reconoce el derecho ajeno? ¿No es corrupción la diaria mentira, la falta de conciencia, la vanidad, la arrogancia, el egoísmo, la ausencia de espiritualidad, de consideración a los demás? En cada uno de los detalles diarios de nuestros actos que elimina nuestro deber para con los demás, está presente el germen de la corrupción. En pretender alcanzar nuestra felicidad a expensas de la felicidad de los demás, está reflejada la corrupción. ¿De qué nos quejamos entonces en Panamá? De la corrupción de los otros, la que nos impide alcanzar los frutos de nuestra propia corrupción espiritual, sin querer entender que los políticos de los que nos quejamos están allí porque nosotros los pusimos allí, con nuestros votos corruptos, nuestra hipocresía corrupta, nuestra indiferencia corrupta, nuestra mediocridad corrupta, nuestro odio corrupto, nuestro cinismo corrupto, nuestra complicidad corrupta. La corrupción en nuestro medio no es la excepción: es la regla. La corrupción en nuestro país no es una aberración: la hemos convertido en un estilo de vida. Incluso, para no identificarla por lo que es, y con eso justificar nuestra utilización diaria, le hemos dado un sobrenombre: "el juega-vivo". ¿Hasta cuándo vamos a seguir con la falsedad de afirmar que es por culpa de los políticos que el país está como está y va como va?
¿Qué político puede salvarnos de nosotros mismos? La corrupción política existe en cualquier sociedad cuando sus ciudadanos participan del proceso que descompone su espíritu, individual, colectivo y nacional. Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios. No creo que a Dios le importe lo que pensemos, ni si decidimos perder nuestro tiempo preguntándonos si él tiene cumpleaños, si él se reza a sí mismo, o a quién sabe qué. Más allá de la inútil y eterna discusión sobre si existe o no un cielo y un infierno, o la patética costumbre de invocar su santo nombre para ganarnos la lotería, o para que gane nuestro equipo, lo que nos debe importar es que estamos aquí, que existimos, y que, en el marco de un misterio impenetrable que nos da la oportunidad de vida, somos los únicos responsables por nuestras decisiones.
¿Existe Dios? Solo en la medida en que nuestro espíritu pueda reconocerse en la idea del bien. ¿Queremos acabar con la corrupción política en Panamá? Empecemos por enfrentar individualmente nuestra corrupción espiritual. La eventual respuesta a nuestros problemas sociales dependerá de nuestro poder de recuperación individual y colectiva, a nivel espiritual. La esperanza quizás una vez fue gratis. ¿Hoy? Hoy tenemos que justificar la razón por merecerla.
El texto de arriba le pertenece, como está indicado, al buen Rubén Blades. ¿Qué tiene que opinar un salsero sobre temas sociales? Para quien no lo sabe, Rubén basa su música y su vida en sus agudas reflexiones sobre la vida, la sociedad, y sobre ese ente que sirve de unión a ambas: el barrio. Por algo también estudió y terminó la carrera de Derecho nada menos que en Harvard.
Él redactó un texto muy interesante sobre la corrupción, y lo quiero compartir en este post. He de advertir que discrepo en su opinión sobre la existencia de Dios: Dios existe sí o sí. Salvo ello comparto plenamente las opiniones del buen Rubén. Comparto sobre todo la reflexión de fondo: nada va a cambiar en el mundo si antes no hay un cambio sincero y profundo en el corazón de las personas, es imposible. Por eso es tan importante que cada día nos esforcemos por ser mejores seres humanos, ser aquello para lo que nacimos.
Aquí el texto para quien quiera disfrutarlo.
Sobre la corrupción
Aún no sé cuántos años tiene Dios, ni si él celebra su cumpleaños. Tampoco sé a quién le reza Dios. No sé siquiera si reza. Cuando era un niño, estas preocupaciones las consulté con mi abuela Emma, la sabia, y savia de mi casa. Recuerdo que se me quedó mirando fija y largamente, y en vez de responder me dedicó una de esas sonrisas anchas y enigmáticas que solo una abuela sabe regalar a un nieto preguntón.
El primer acto de corrupción, según lo establece la Biblia, fue consumado por Eva y Adán sopotocientos mil años atrás, cuando ignorando las advertencias divinas decidieron probar "la prohibida fruta". O sea, la aparición de la corrupción es un poquito más joven que la creación del ser humano, según lo afirma el sagrado texto. Esto indica que la corrupción es un problema tan viejo como la vida misma. ¿Creó Dios la corrupción? ¿O se creó ella con nuestra ayuda?
Las escrituras afirman que Dios es omnipotente, que sobre su voluntad nada impera. Un argumento teológico sostiene que él decidió conceder el privilegio de la voluntad a su creación humana, y que vio traicionada su confianza.
Esto señalaría que a consecuencia de la irresponsabilidad de los dos únicos representantes civiles en la tierra nace la corrupción, antes de la democracia, antes de la dictadura, antes de Torrijos, antes de Arnulfo. Desde entonces, por más de 2 mil años nuestra Iglesia ha combatido la corrupción sin poder eliminarla de nuestra vida diaria. Hoy, en América, señalamos la corrupción política como la única responsable por la miseria, el caos y la mediocridad de nuestras instituciones, públicas y privadas; la culpable por nuestro encierro en un laberinto de oportunidades perdidas. En Panamá también atacamos la corrupción política. Pero aquí, como ocurre en otras Repúblicas, pocos aceptan o critican el problema de la corrupción personal y/o social. Una multitudinaria complicidad hace el punto inmencionable. Somos países sumidos en la mayor de las hipocresías: la de negar que es la corrupción espiritual nacional la que fomenta, alimenta, ayuda y fortalece la corrupción política que criticamos. La corrupción presupone la descomposición de un ente que es, o que fue sano. En nuestro caso, ¿quién puede afirmar la última vez que el ente público fue sano en Panamá? La descomposición política actual viene gestándose desde hace muchísimo tiempo, imagino que desde el primer Gobierno nacional.
El presente nivel de nuestra descomposición espiritual, a nivel nacional, no soporta ya cosméticas explicaciones, ni dedos señalando a gringos, comunistas o militares como los responsables por nuestra desgracia administrativa. La corrupción requiere de un proceso, no es instantánea: demanda el espacio que da el tiempo. En su creación y desarrollo hemos participado todos y todas, de mil maneras. El reflejo del espejo de nuestra sociedad convierte a nuestras caras en las de los políticos que criticamos como corruptos. El candidato a puesto de elección que anuncie que va a terminar con la corrupción "de un solo tajo" no solo es un iluso: afirmo que es un irresponsable. Si la corrupción en Panamá fuera acabada de un tajo, se nos cae el país. La corrupción lo sostiene, porque está en cada uno de nosotros y en nuestros actos. Bajo las actuales condiciones, más práctico sería votar por el candidato más corrupto.
¿Cómo administrar a un país corrupto prescindiendo de la corrupción? ¿Quién dice que aquí ya no mandan los militares? ¡La corrupción es general! ¿Acaso no es corrupto el que engaña a su semejante, el que no paga impuestos, el que coimea y se deja coimear, el que ignora el hambre del que la tiene, el que no cumple con sus obligaciones, el irresponsable social, el que no reconoce el derecho ajeno? ¿No es corrupción la diaria mentira, la falta de conciencia, la vanidad, la arrogancia, el egoísmo, la ausencia de espiritualidad, de consideración a los demás? En cada uno de los detalles diarios de nuestros actos que elimina nuestro deber para con los demás, está presente el germen de la corrupción. En pretender alcanzar nuestra felicidad a expensas de la felicidad de los demás, está reflejada la corrupción. ¿De qué nos quejamos entonces en Panamá? De la corrupción de los otros, la que nos impide alcanzar los frutos de nuestra propia corrupción espiritual, sin querer entender que los políticos de los que nos quejamos están allí porque nosotros los pusimos allí, con nuestros votos corruptos, nuestra hipocresía corrupta, nuestra indiferencia corrupta, nuestra mediocridad corrupta, nuestro odio corrupto, nuestro cinismo corrupto, nuestra complicidad corrupta. La corrupción en nuestro medio no es la excepción: es la regla. La corrupción en nuestro país no es una aberración: la hemos convertido en un estilo de vida. Incluso, para no identificarla por lo que es, y con eso justificar nuestra utilización diaria, le hemos dado un sobrenombre: "el juega-vivo". ¿Hasta cuándo vamos a seguir con la falsedad de afirmar que es por culpa de los políticos que el país está como está y va como va?
¿Qué político puede salvarnos de nosotros mismos? La corrupción política existe en cualquier sociedad cuando sus ciudadanos participan del proceso que descompone su espíritu, individual, colectivo y nacional. Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios. No creo que a Dios le importe lo que pensemos, ni si decidimos perder nuestro tiempo preguntándonos si él tiene cumpleaños, si él se reza a sí mismo, o a quién sabe qué. Más allá de la inútil y eterna discusión sobre si existe o no un cielo y un infierno, o la patética costumbre de invocar su santo nombre para ganarnos la lotería, o para que gane nuestro equipo, lo que nos debe importar es que estamos aquí, que existimos, y que, en el marco de un misterio impenetrable que nos da la oportunidad de vida, somos los únicos responsables por nuestras decisiones.
¿Existe Dios? Solo en la medida en que nuestro espíritu pueda reconocerse en la idea del bien. ¿Queremos acabar con la corrupción política en Panamá? Empecemos por enfrentar individualmente nuestra corrupción espiritual. La eventual respuesta a nuestros problemas sociales dependerá de nuestro poder de recuperación individual y colectiva, a nivel espiritual. La esperanza quizás una vez fue gratis. ¿Hoy? Hoy tenemos que justificar la razón por merecerla.
domingo, 1 de marzo de 2009
La amistad
Una pregunta: ¿cómo debe ser una verdadera amistad? Uno ve tantos estilos de relaciones interpersonales que puede confundirse. Hoy, en la Lima del siglo XXI, ¿qué patrones deben regir la relación entre dos personas que intercambian una amistad?
Se me ocurre para comenzar que debe haber intereses comunes. Dos amigos deben tener algo en común: un objetivo en la vida, una lucha, una pasión (el deporte, la música, el cine, qué sé yo), un pasado, etc. Y ese algo debe ser lo menos superficial posible. No creo que pueda basarse una amistad por el solo hecho de ser compañeros de estudio o de trabajo o por ser vecinos. Esa es una convivencia necesaria. Pienso yo que la amistad es más que eso pues trasciende las convivencias “casuales”. Me es muy enriquecedor ver (y vivir) cómo 2 compañeros de trabajo comienzan a dar los pasos que los llevan a ser amigos (en contraposición a ese ser solo compañeros) y se genera una relación fraterna muy rica. Cruzar esa línea, arriesgarse a ser amigo cambia la vida y cambia los ambientes de trabajo. Es otra cosa, pero claro: no es magia, hay que darse y acoger. Hay que, literalmente, entregarle a otro la propia vida, y recibir la de él/ella.
Otro punto importante para mí en una amistad es la incondicionalidad. Dos amigos deben estar siempre listos para ayudar y socorrer al otro en lo que sea. Y no basta con tener la actitud sino que, creo yo, debe ser algo explícito. Me refiero a que con palabras y/o hechos se debe dejar claro que uno estará ahí para lo que sea. Como dirían The Beatles: Any time at all. Qué suave consuelo es ante las adversidades que nos pone a veces la vida poder tomar el teléfono y acudir a un amigo. Y cuán realizador es poder ayudar a un amigo en sus necesidades, y mientras más le cuesta a uno pues mejor.
También creo que los amigos deben cuidar las formas. Esto es: guardar esos protocolos que la cortesía impone de manera natural. Si le ofrezco a un amigo llamarlo pues debo hacerlo porque él o ella estará esperando mi llamada, y si no puedo hacerlo la cortesía me exige disculparme a la brevedad. Si mi amigo me comenta que quiere hablarme de algo yo no puedo darme el lujo de olvidar suscitar ese diálogo pendiente, hacerlo es como un delito. Los saludos por cumpleaños, aniversarios, etc. son normas básicas de convivencia amical.
Obviamente los amigos deben buscar el bienestar y la felicidad del otro a como dé lugar. Lo que nos lleva a replantear nuestra propia vida: no hay peor cosa que un ciego guiando a otro ciego. Dos amigos deben tener claro qué es lo que realmente hace feliz al ser humano y qué nos hace menos personas. Y de tener eso claro se desprende que uno no puede permitir que un amigo se hunda escogiendo lo que le hace daño. ¿Quién dejaría a un ser querido entrar en las drogas? ¿Cómo puede uno dejar que su amigo convierta su vida en un desastre si ambos saben qué es bueno y qué es malo? Y por supuesto, en la otra cara de la moneda está el dejarse corregir, cosa muy difícil en estos días. ¡A dejarnos corregir, entonces! Si eso no está claro, ¿sobre qué se basa la amistad?
En fin, estas son solo unas breves reflexiones sobre el tema de la amistad. De hecho no es un tratado filosófico sobre el tema sino simplemente lo que es: un post en un blog personal.
Termino este post remitiéndome a una bella definición que sobre el tema hizo el gran Rubén Blades en su canción Vida, del álbum Tiempos (1999). Dice él, al son de una buenísima salsa: “y cada amigo es la familia que uno se elige entre extraños”. Contundente.
¿Qué es para ti la amistad? ¿Eres buen amigo? ¿Qué buenas experiencias amicales has tenido?
Se me ocurre para comenzar que debe haber intereses comunes. Dos amigos deben tener algo en común: un objetivo en la vida, una lucha, una pasión (el deporte, la música, el cine, qué sé yo), un pasado, etc. Y ese algo debe ser lo menos superficial posible. No creo que pueda basarse una amistad por el solo hecho de ser compañeros de estudio o de trabajo o por ser vecinos. Esa es una convivencia necesaria. Pienso yo que la amistad es más que eso pues trasciende las convivencias “casuales”. Me es muy enriquecedor ver (y vivir) cómo 2 compañeros de trabajo comienzan a dar los pasos que los llevan a ser amigos (en contraposición a ese ser solo compañeros) y se genera una relación fraterna muy rica. Cruzar esa línea, arriesgarse a ser amigo cambia la vida y cambia los ambientes de trabajo. Es otra cosa, pero claro: no es magia, hay que darse y acoger. Hay que, literalmente, entregarle a otro la propia vida, y recibir la de él/ella.
Otro punto importante para mí en una amistad es la incondicionalidad. Dos amigos deben estar siempre listos para ayudar y socorrer al otro en lo que sea. Y no basta con tener la actitud sino que, creo yo, debe ser algo explícito. Me refiero a que con palabras y/o hechos se debe dejar claro que uno estará ahí para lo que sea. Como dirían The Beatles: Any time at all. Qué suave consuelo es ante las adversidades que nos pone a veces la vida poder tomar el teléfono y acudir a un amigo. Y cuán realizador es poder ayudar a un amigo en sus necesidades, y mientras más le cuesta a uno pues mejor.
También creo que los amigos deben cuidar las formas. Esto es: guardar esos protocolos que la cortesía impone de manera natural. Si le ofrezco a un amigo llamarlo pues debo hacerlo porque él o ella estará esperando mi llamada, y si no puedo hacerlo la cortesía me exige disculparme a la brevedad. Si mi amigo me comenta que quiere hablarme de algo yo no puedo darme el lujo de olvidar suscitar ese diálogo pendiente, hacerlo es como un delito. Los saludos por cumpleaños, aniversarios, etc. son normas básicas de convivencia amical.
Obviamente los amigos deben buscar el bienestar y la felicidad del otro a como dé lugar. Lo que nos lleva a replantear nuestra propia vida: no hay peor cosa que un ciego guiando a otro ciego. Dos amigos deben tener claro qué es lo que realmente hace feliz al ser humano y qué nos hace menos personas. Y de tener eso claro se desprende que uno no puede permitir que un amigo se hunda escogiendo lo que le hace daño. ¿Quién dejaría a un ser querido entrar en las drogas? ¿Cómo puede uno dejar que su amigo convierta su vida en un desastre si ambos saben qué es bueno y qué es malo? Y por supuesto, en la otra cara de la moneda está el dejarse corregir, cosa muy difícil en estos días. ¡A dejarnos corregir, entonces! Si eso no está claro, ¿sobre qué se basa la amistad?
En fin, estas son solo unas breves reflexiones sobre el tema de la amistad. De hecho no es un tratado filosófico sobre el tema sino simplemente lo que es: un post en un blog personal.
Termino este post remitiéndome a una bella definición que sobre el tema hizo el gran Rubén Blades en su canción Vida, del álbum Tiempos (1999). Dice él, al son de una buenísima salsa: “y cada amigo es la familia que uno se elige entre extraños”. Contundente.
¿Qué es para ti la amistad? ¿Eres buen amigo? ¿Qué buenas experiencias amicales has tenido?
lunes, 19 de enero de 2009
La guitarra
La semana pasada averigüé cuánto cuesta una guitarra eléctrica. Ahí me enteré de que además del instrumento necesitaré un amplificador, una funda, una correa y otra cosa que no recuerdo cómo se llama. Y es mejor no dar la cifra total.
¿Se habrán enfrentado al mismo problema George Harrison, Jonh Lennon, Brian May, Eric Clapton, Gustavo Cerati, y otros colegas? ¿Superarán estos escollos mis ganas de aprender a tocar guitarra? Hagan sus apuestas.
¿Se habrán enfrentado al mismo problema George Harrison, Jonh Lennon, Brian May, Eric Clapton, Gustavo Cerati, y otros colegas? ¿Superarán estos escollos mis ganas de aprender a tocar guitarra? Hagan sus apuestas.

jueves, 23 de octubre de 2008
Magaly Medina sentenciada
Hace poco más de una semana que sucedió algo que remeció a todo el país como pocas cosas lo han hecho: la periodista de espectáculos Magaly Medina perdía un juicio y era sentenciada a 5 meses de cárcel.
Ella perdió la demanda que el futbolista Paolo Guerrero le entabló por difamación. Ella publicó una foto supuestamente tomada a las 2.07 de la madrugada en la que se le ve a él con una señorita paseando en la calle un día antes de un partido de la Selección Peruana, noticia con la que destruyó la reputación del futbolista y le hizo perder contratos millonarios. Él la demandó afirmando que la foto fue tomada a las 8 de la noche y no quebró ninguna regla, y la demandó con pruebas contundentes de que la foto fue tomada a las 8 de la noche. Ella no pudo demostrar su supuesta revelación y por eso perdió el juicio por difamación.
Esta noticia sorprendió a todos por lo siguiente:
- Hace décadas que no se sentenciaba así a un periodista por difamar.
- Magaly ha perdido muchos juicios antes y nunca se le dictó prisión efectiva.
- Ella es la persona más poderosa de la TV peruana.
Y, como suele pasar, el Perú se dividió. Por un lado los que defienden a Magaly y por el otro los que apoyan la sentencia de cárcel. Si a alguien le interesa la opinión de este minúsculo blogger ahora la conocerán.
El tema es realmente amplio, y trataré de sintetizarlo. El río que surca mi pensamiento sobre esto es la obra de Medina en la televisión: los frutos que ha dado en su trabajo. Y pienso que esos frutos son nefastos: ella convirtió la vida privada de las personas en un programa de TV. Y lo hizo orgullosa. Nos convirtió a todos en morbosos espectadores de la intimidad ajena. Nos hizo una sociedad ávida de ampays -término que su programa oficializó en nuestro idioma-. Metió nuestros ojos adonde nunca debieron llegar: los íntimos y privados errores ajenos. No nos importaba que rompiera hogares o hiriese afectos infantiles, solo nos importaba descubrir a los artistas malos (infieles, ebrios, lo que sea). El chisme se institucionalizó en el Perú.
¿Qué nos puede dar derecho a escarbar en esos errores? ¿Qué nos autoriza a difundirlos a todo el mundo? Que sean personas "públicas" no nos da derecho a dejarlos sin vida privada, personal. Y si en esa intimidad cometen errore, pues son de ellos, no de nuestro interés. Magaly no piensa así. Ella sostiene que esa basura debe mostrarse y así lo ha hecho durante años. Ganando cientos de miles de dólares, claro está.
Y una excusa para hacerlo es el bendito rating. Dice ella: «si da rating es bueno, quiere decir que a la gente le gusta». ¿Y si a la gente le gusta ver a los políticos defecar en sus baños hay que hacer un programa dedicado a ello? ¿Si a la gente le gusta ver a hombres golpeando a niños y mujeres habrá que crear un programa dedicado a ello en el prime time? ¡Claro que no! No todo lo que nos gusta es bueno. Y lo gracioso es que este argumento lo utilizó Medina para destruir a Augusto Ferrando hace años, y ahora ella vive aquello que le criticó a Don Augusto.
Los defensores de la Medina quieren hacerla ver como la mártir de la la libertad de prensa o como la patriota enemiga de los futbolistas nocturnos.
Yo aplaudo la sentencia contra ella esperanzado en que los valores morales están arraigados en esta tierra porque:
1. Sí es justa su pena: cometió un delito y los delitos se pagan. La cárcel efectiva por difamación está contemplada en el Código Penal q ayuda a regir nuestra convivencia civilizada.
2. No es ningún ataque a la libertad de prensa ni de expresión. Por el contrario, es una enseñanza a los medios de q para informar hay q ser responsables. Yo prefiero una prensa responsable q una irresponsable. No se está cuestionando la libertad de informar sino q se está recordando q la información necesita ir de la mano con la verdad.
3. No es una cortina de humo. ¡Qué decepcionante ver a congresistas de la República perder el tiempo buscando 5 pies a un gato! Es una coincidencia de fechas, nada más.
4. La supuesta víctima es una soberbia de primera. Se le derrama por los poros su supuesta superioridad. Pero como no es dueña de la verdad su soberbia tiene q derretirse ante el Sol q es la verdad y lo bueno. Ella tiene un estilo de vida dirigido por el poder q le da el rating, es bueno y necesario q se tope con un golpe duro para q revise su vida y el daño q alegremente le hace a personas y familias –y con ello a un país- por ganar rating y dinero. Es triste q personas vivan de las desgracias ajenas. Ella vive de eso.
5. “Deben meter presos a los asesinos, ladrones y violadores, no a los periodistas”, se ha escuchado mucho. ¡Claro que sí! Todos ellos deben pagar sus delitos. Pero los periodistas que difaman y no se retractan también son –pese a quien le pese- delincuentes que deben ser sancionados. Si no viviríamos en un sistema legal que solo castigaría a los más malos, y a los que son “menos malos” se les dejaría libres para que sigan perfeccionando su maldad.
6. A ella se le advirtió q lo suyo no es bueno. El lunes Cecilia Valenzuela transmitió la entrevista q le hiciera 10 años atrás en la q le advertía a la Medina q su periodismo era nocivo y q ejercer el periodismo requiere tener límites éticos. Ni eso ni nada hicieron q la farandulera reflexione y aproveche su trabajo para enseñar en vez de destruir. ¡Qué bajo podemos caer los seres humanos!
7. Paolo Guerrero le ha dado un mensaje clarísimo: si ella se retracta él retira la denuncia. Un ser humano sensato aprovecharía esa benevolencia para salvarse y para demostrar q dentro de sí tiene humildad. Pero los soberbios no aprovechan esas oportunidades. A llorar al río entonces.
8. Esto debe ser un llamado de atención a toda la sociedad: ¿qué valores vivimos? ¿Cómo queremos q sea este país? ¿Qué está bien y qué está mal? Espero q en medio de este revuelo quede claro q lo q Medina hacía era destructivo para cualquier sociedad.
9. La Medina debe aprovechar el encierro para pensar. Pensar mucho. Si es inteligente sabrá conversar consigo misma y salir convertida en un ser más humano.
Lo dejo ahí por ahora.
Invito a todos los lectores (que ya deben ser algo de 3 ó 4 personas) a que dejen su opinión. ¿Gracias?
===
Un aporte buenísimo: el periodista Humberto "Beto" Ortiz publicó una carta dirigida a Magaly que resume lo que muchos le diríamos a tan equivocada periodista. Yo discrepo muchísimo con Ortiz en temas grandes y serios, pero en esta oportunidad y en este tema concuerdo plenamente con él. Además, es un gran exponente del buen escribir. Ahí va pues su Carta Abierta.
ESTIMADA ENEMIGA
Carta abierta para una estrella que tocó tierra
Magaly :
Tu desgracia nos dio el rating más alto de toda nuestra historia: quince puntos. Para ti, que estás tan acostumbrada a las grandes cifras seguramente sonará a poquita cosa pero para nosotros constituye una modesta victoria. ¿Quince puntos a la medianoche? Olvídate. Motivo suficiente para salir a chupar hasta morir a algún lugar muy público, libres ya de ese miedo pueblerino a que algún agazapado camarógrafo tuyo nos ampaye para que luego tú nos condenes sin piedad al paredón. Libres de delirios de persecución. Libres de lunas polarizadas, libres de sobresaltos, libres de paranoias…pero mejor dejemos de estar hablando tanto de la libertad.
Tu desgracia –fíjate qué ironía- fue lo mejor que le pudo haber pasado a nuestro programa. ¿Te has puesto a pensar en qué salvajes son las extrañas reglas que gobiernan nuestra existencia televisiva? Tu vergüenza, tu humillación pública, tu calvario fueron para nosotros un vigoroso reconstituyente, un cóctel vitamínico, una auténtica inyección de vitalidad: catapultaron las cifras de nuestra sintonía hasta picos de 30 puntos en el sector AB que, como bien sabes, es el público que más le interesa a los anunciantes porque es el que compra más, porque es el que más tiene. No serías el personaje más poderoso de la tele sin él.
La gente que –desde hace 11 años- te sigue fielmente, noche tras noche, puedes apostarlo, fue la misma gente que nos sintonizó, la que asistió al desmenuce detallado de tu inexorable desbarrancamiento: tu sólido AB, por supuesto, tu público devoto –para no decir cautivo que sonaría a mofa- esa misma hinchada tuya que a las 11 de la noche corrió esta vez a abarrotar nuestras tribunas y no pareció condolerse demasiado de que ahora la indefensa y temblorosa cristiana a la que tocaba el turno de ser el bocado de las fieras fueras tú. Sonará un poquito ruin pero tú sabes que es la verdad, la verdacita pura y dura: tu tragedia vende, Magaly. Y vende que da miedo, como pan caliente, Aquella noche, tu personal infierno se convirtió en la mejor alternativa de entretenimiento para miles de familias peruanas. Pero no me malentiendas. No es nada personal. La farándula es así. Tú y yo somos periodistas y nos entendemos. Así es nuestro trabajo y tú lo sabes. Así es Chollywood. Tú eres una persona pública. Y ya se sabe que todo, absolutamente todo lo que le pase a las personas públicas es noticia. No sabemos hacer otra cosa: nos limitamos a mostrarle al público la realidad, por más triste o cruda u horrenda que parezca, nos limitamos a hablarle con pruebas, con testimonios, con i-má-ge-nes. Y si no les gusta lo que ven pues… son todos libres de usar el poder del control remoto, ¿no es verdad?
Pero nadie cambió de canal para no verte llorar. Todos te vimos. Nadie hizo zapping mientras, con un abismo creciéndote en el pecho y las manos crispadas, cruelmente esposadas, intentabas disimular la inminencia del llanto camino de esa ominosa soledad que apenas te abría sus pesadas puertas. Nadie cambió de canal en señal de compasión o solidaridad contigo. Al contrario, al verte así se quedaron todos fascinados, hechizados, alelados, pegados, recontra pegados, cual si se tratara de la escena cumbre de la mejor telenovela brasileña. Tus lágrimas fueron del más completo agrado de nuestra exigente audiencia. Tu desesperación fue su solaz, su éxtasis, su vacilón. ¿Suena monstruoso? Son gajes del oficio, colega. Yo no inventé las reglas. Es así como funciona este negocio: bien lo dice la inmortal sentencia de Santa Mónica Adaro: Business son business, remember?
Tu pesadilla ha terminado convirtiéndose en el escandalete del año. Tu dolor y el de tu familia son hoy el chismecito de moda, el temita obligado de todas las sobremesas, de todas las tertulias de café, eres la comidilla favorita de la temporada. Tu encierro vende montañas de periódicos, genera jugosos dividendos para todos, hace –en suma- mucho bien. Tanto que hasta nos ha hecho desear en secreto, culposamente, que tu martirio se prolongue muchas semanas, muchos meses. Que dure hasta que la gente se aburra y bostece y se canse de la monotonía de verte desangrándote al infinito y nos exija una nueva víctima en su menú. No nos odies si, en secreto, deseamos que tu pena dure, por lo menos, hasta que el canal nos renueve el contrato por un año más. Si –con tu ayuda- las cifras de audiencia siguen así, quizá hasta nos ligue un buen aumento.
Bueno, basta. Ya estuvo suave. A estas alturas ya te habrás dado perfecta cuenta de lo que te estoy tratando de decir: no celebré tu crucifixión como tú alguna vez celebraste la mía en medio de globos, pica-pica y serpentinas, No me reí a carcajadas. No di de brincos. No propuse un brindis. No bailé el tao-tao. No aplaudí. Pero para serte absolutamente franco, tampoco me eché a llorar ovillado -como un feto en un rincón- como sí recuerdo haberlo hecho las innumerables veces en que complaciste tu ego a fuerza de hacerme mierda ante todo el país y de exigir para mí, golpeando la mesa, muchísimos años de cárcel. Y así como siempre supiste que Paolo Guerrero no se amaneció juergueándose, que Déborah de Souza no era una vil estafadora, que Claudia Cisneros jamás destruyó ningún hogar, que César Ritter se defendió porque ordenaste que lo provocaran adrede, que Pietro Sibille no acuchilló a su vecino ni vendió nunca pasta básica, que a Yesabella la sembraste con Lalito Arancibia, el fumón de la cuadra de Ney en Salamanca al que luego tuviste que esconder de la prensa en Puerto Palmeras y que la famosa trampa del Tenchy Ugaz llegó hasta Trujillo con pasaje pagado por ustedes, llevada de la manito por tus fieles chacales….así como, en el fondo de tu improbable corazón sabes todo eso, sabías perfectamente que estabas mintiendo cuando tu boquita letal me acusaba de ser una amenaza para los niños. Sabías –porque eras mi amiga- que no soy violador ni depravado sino apenas gay.
Y lo sabías porque yo mismo te lo había contado. Porque eras mi amiga y yo te lo había confiado décadas atrás como lo hice siempre con mis amigos. Sabías que yo había decidido que mi madre –enferma, además- no lo supiera, porque temía que nunca lo iba a comprender y quería ahorrarle ese sufrimiento inútil que tú –no sé con qué derecho- decidiste infligirle tergiversándolo todo, ensuciándolo del modo más infame, agravándolo al máximo, elevando su aturdimiento y su confusión a la millonésima potencia. Ahora que mi mamá ya murió, (y yo deseo que eso no te ocurra estando lejos de su lado como hoy estás), no esperarás que te lo agradezca: me sacaste del closet a patadas para arrojarme de cabeza al desagüe. ¿Sabes cuánto tarda uno en sacarse esa mugre de encima? ¿Cuánto hay que esperar para que ese olor –y ese dolor- se disipen y puedas volver a salir a la calle sin que la gente te escupa por algo que nunca hiciste? ¿Sabes cuánto hay que esperar para poder volver a vivir en paz? No lo sabes. Te lo cuento: Años, décadas, una vida y, a veces, más. La vida entera a veces no alcanza para curarse, para pararse, para limpiar lo que a ti te toma un par de minutos enmierdar.
Un consejo: no trates de convertirte en un símbolo de la libertad de prensa porque sabes, de sobra, que no lo eres. Eres el símbolo de muchas otras cosas, pero de eso no. Nadie te está amordazando ni censurando, nadie te está usando de cortina de humo ni hay ninguna mano negra detrás de tu caso como tratan de hacerte creer tus ayayeros solitarios: esos tragicómicos figurettis que ahora salen a defenderte con una pasión tan genuina como la que anima a ese par de náufragos fujimoristas, tan amiguitos de tu Nakasaki o a esa lamentable portátil barraconera y tebeciana que te lanza porras por cinco luquitas para tener con qué fumar. ¿Quiénes son tus amigos ahora? ¿Alex Otiniano, Monique Pardo, Lúcar, Pajarito? Abre los ojos. ¿Tu amigo Bayly ha declarado a tu favor?, ¿tu amigo Hildebrandt?, ¿Quién recolecta firmas de intelectuales notables para exigir tu liberación? ¿Dónde está la fila de los líderes de opinión dispuestos a poner por ti las manos al fuego? A tu canal no le importas tú, le importa la plata que le generas, ¿o acaso no leíste la carta que le mandaron a la jueza aclarando que no pagarán la reparación civil porque "no tienen ninguna relación laboral contigo"? Estás solita, Magaly. Sola con tu alma. Fíjate qué extraordinaria oportunidad: aprovecha ahora que has vuelto a ser una NN entre las reas para zambullirte hacia adentro y ponerte a buscar y, quién sabe, reencontrarte con la que antes fuiste, la que creíste haber perdido para siempre en medio de tanto psiquiatra, tanto Louis Vuitton, tanta alhaja y tanta cirugía.
No te creas el cuento de que –como tan legendariamente declaraste a la radio al salir del juzgado- estás «pagando el alto precio de decir la verdad en el Perú». Juaaaat? Estás pagando el alto precio de no decirla y lo sabes. Saltaste muy alto, tigresa. Calculaste mal. Te alucinaste más bacán de lo que eras y cagaste. Nada más. Y ahora estás pagando la misma factura que a mí me tomó cuatro largos años pagar: la factura de la crueldad que –créeme- es la factura más cara de todas. Cancélala, Magaly. Depón tu soberbia. Apágate un poquito. Ya no te envalentones. No te achores, no guerrees: ya perdiste. Aquiétate. Serénate. Cómete tu cana, mamá. Calladita. Suavecita. Caballera. Toca fondo sin roche. Sin temor al qué dirán. Nada demasiado malo te ha de pasar. Y si una noche, durmiendo en el piso de tu celda, sueñas con Dios pídele que bendiga tu soledad. Antes de lo que nadie se imagina, saldrás libre y tu hijo y tu vieja estarán esperándote con flores en la puerta. Entonces entenderás que fuera de eso, no tienes nada. Y volverás cambiada, renacida, mejorada y seguro que –habiendo vivido todo lo que aún te falta por vivir- escribirás tu best-seller y tendrás más éxito que nunca. Pero esta vez te lo pensarás dos veces antes de volver a esparcir más mentira, más odio y más dolor en este pobre país que ya tiene demasiado.
Ya no llores, Magaly. Resiste.
Beto Ortiz
Ella perdió la demanda que el futbolista Paolo Guerrero le entabló por difamación. Ella publicó una foto supuestamente tomada a las 2.07 de la madrugada en la que se le ve a él con una señorita paseando en la calle un día antes de un partido de la Selección Peruana, noticia con la que destruyó la reputación del futbolista y le hizo perder contratos millonarios. Él la demandó afirmando que la foto fue tomada a las 8 de la noche y no quebró ninguna regla, y la demandó con pruebas contundentes de que la foto fue tomada a las 8 de la noche. Ella no pudo demostrar su supuesta revelación y por eso perdió el juicio por difamación.
Esta noticia sorprendió a todos por lo siguiente:
- Hace décadas que no se sentenciaba así a un periodista por difamar.
- Magaly ha perdido muchos juicios antes y nunca se le dictó prisión efectiva.
- Ella es la persona más poderosa de la TV peruana.
Y, como suele pasar, el Perú se dividió. Por un lado los que defienden a Magaly y por el otro los que apoyan la sentencia de cárcel. Si a alguien le interesa la opinión de este minúsculo blogger ahora la conocerán.
El tema es realmente amplio, y trataré de sintetizarlo. El río que surca mi pensamiento sobre esto es la obra de Medina en la televisión: los frutos que ha dado en su trabajo. Y pienso que esos frutos son nefastos: ella convirtió la vida privada de las personas en un programa de TV. Y lo hizo orgullosa. Nos convirtió a todos en morbosos espectadores de la intimidad ajena. Nos hizo una sociedad ávida de ampays -término que su programa oficializó en nuestro idioma-. Metió nuestros ojos adonde nunca debieron llegar: los íntimos y privados errores ajenos. No nos importaba que rompiera hogares o hiriese afectos infantiles, solo nos importaba descubrir a los artistas malos (infieles, ebrios, lo que sea). El chisme se institucionalizó en el Perú.
¿Qué nos puede dar derecho a escarbar en esos errores? ¿Qué nos autoriza a difundirlos a todo el mundo? Que sean personas "públicas" no nos da derecho a dejarlos sin vida privada, personal. Y si en esa intimidad cometen errore, pues son de ellos, no de nuestro interés. Magaly no piensa así. Ella sostiene que esa basura debe mostrarse y así lo ha hecho durante años. Ganando cientos de miles de dólares, claro está.
Y una excusa para hacerlo es el bendito rating. Dice ella: «si da rating es bueno, quiere decir que a la gente le gusta». ¿Y si a la gente le gusta ver a los políticos defecar en sus baños hay que hacer un programa dedicado a ello? ¿Si a la gente le gusta ver a hombres golpeando a niños y mujeres habrá que crear un programa dedicado a ello en el prime time? ¡Claro que no! No todo lo que nos gusta es bueno. Y lo gracioso es que este argumento lo utilizó Medina para destruir a Augusto Ferrando hace años, y ahora ella vive aquello que le criticó a Don Augusto.
Los defensores de la Medina quieren hacerla ver como la mártir de la la libertad de prensa o como la patriota enemiga de los futbolistas nocturnos.
Yo aplaudo la sentencia contra ella esperanzado en que los valores morales están arraigados en esta tierra porque:
1. Sí es justa su pena: cometió un delito y los delitos se pagan. La cárcel efectiva por difamación está contemplada en el Código Penal q ayuda a regir nuestra convivencia civilizada.
2. No es ningún ataque a la libertad de prensa ni de expresión. Por el contrario, es una enseñanza a los medios de q para informar hay q ser responsables. Yo prefiero una prensa responsable q una irresponsable. No se está cuestionando la libertad de informar sino q se está recordando q la información necesita ir de la mano con la verdad.
3. No es una cortina de humo. ¡Qué decepcionante ver a congresistas de la República perder el tiempo buscando 5 pies a un gato! Es una coincidencia de fechas, nada más.
4. La supuesta víctima es una soberbia de primera. Se le derrama por los poros su supuesta superioridad. Pero como no es dueña de la verdad su soberbia tiene q derretirse ante el Sol q es la verdad y lo bueno. Ella tiene un estilo de vida dirigido por el poder q le da el rating, es bueno y necesario q se tope con un golpe duro para q revise su vida y el daño q alegremente le hace a personas y familias –y con ello a un país- por ganar rating y dinero. Es triste q personas vivan de las desgracias ajenas. Ella vive de eso.
5. “Deben meter presos a los asesinos, ladrones y violadores, no a los periodistas”, se ha escuchado mucho. ¡Claro que sí! Todos ellos deben pagar sus delitos. Pero los periodistas que difaman y no se retractan también son –pese a quien le pese- delincuentes que deben ser sancionados. Si no viviríamos en un sistema legal que solo castigaría a los más malos, y a los que son “menos malos” se les dejaría libres para que sigan perfeccionando su maldad.
6. A ella se le advirtió q lo suyo no es bueno. El lunes Cecilia Valenzuela transmitió la entrevista q le hiciera 10 años atrás en la q le advertía a la Medina q su periodismo era nocivo y q ejercer el periodismo requiere tener límites éticos. Ni eso ni nada hicieron q la farandulera reflexione y aproveche su trabajo para enseñar en vez de destruir. ¡Qué bajo podemos caer los seres humanos!
7. Paolo Guerrero le ha dado un mensaje clarísimo: si ella se retracta él retira la denuncia. Un ser humano sensato aprovecharía esa benevolencia para salvarse y para demostrar q dentro de sí tiene humildad. Pero los soberbios no aprovechan esas oportunidades. A llorar al río entonces.
8. Esto debe ser un llamado de atención a toda la sociedad: ¿qué valores vivimos? ¿Cómo queremos q sea este país? ¿Qué está bien y qué está mal? Espero q en medio de este revuelo quede claro q lo q Medina hacía era destructivo para cualquier sociedad.
9. La Medina debe aprovechar el encierro para pensar. Pensar mucho. Si es inteligente sabrá conversar consigo misma y salir convertida en un ser más humano.
Lo dejo ahí por ahora.
Invito a todos los lectores (que ya deben ser algo de 3 ó 4 personas) a que dejen su opinión. ¿Gracias?
===
Un aporte buenísimo: el periodista Humberto "Beto" Ortiz publicó una carta dirigida a Magaly que resume lo que muchos le diríamos a tan equivocada periodista. Yo discrepo muchísimo con Ortiz en temas grandes y serios, pero en esta oportunidad y en este tema concuerdo plenamente con él. Además, es un gran exponente del buen escribir. Ahí va pues su Carta Abierta.
ESTIMADA ENEMIGA
Carta abierta para una estrella que tocó tierra
Magaly :
Tu desgracia nos dio el rating más alto de toda nuestra historia: quince puntos. Para ti, que estás tan acostumbrada a las grandes cifras seguramente sonará a poquita cosa pero para nosotros constituye una modesta victoria. ¿Quince puntos a la medianoche? Olvídate. Motivo suficiente para salir a chupar hasta morir a algún lugar muy público, libres ya de ese miedo pueblerino a que algún agazapado camarógrafo tuyo nos ampaye para que luego tú nos condenes sin piedad al paredón. Libres de delirios de persecución. Libres de lunas polarizadas, libres de sobresaltos, libres de paranoias…pero mejor dejemos de estar hablando tanto de la libertad.
Tu desgracia –fíjate qué ironía- fue lo mejor que le pudo haber pasado a nuestro programa. ¿Te has puesto a pensar en qué salvajes son las extrañas reglas que gobiernan nuestra existencia televisiva? Tu vergüenza, tu humillación pública, tu calvario fueron para nosotros un vigoroso reconstituyente, un cóctel vitamínico, una auténtica inyección de vitalidad: catapultaron las cifras de nuestra sintonía hasta picos de 30 puntos en el sector AB que, como bien sabes, es el público que más le interesa a los anunciantes porque es el que compra más, porque es el que más tiene. No serías el personaje más poderoso de la tele sin él.
La gente que –desde hace 11 años- te sigue fielmente, noche tras noche, puedes apostarlo, fue la misma gente que nos sintonizó, la que asistió al desmenuce detallado de tu inexorable desbarrancamiento: tu sólido AB, por supuesto, tu público devoto –para no decir cautivo que sonaría a mofa- esa misma hinchada tuya que a las 11 de la noche corrió esta vez a abarrotar nuestras tribunas y no pareció condolerse demasiado de que ahora la indefensa y temblorosa cristiana a la que tocaba el turno de ser el bocado de las fieras fueras tú. Sonará un poquito ruin pero tú sabes que es la verdad, la verdacita pura y dura: tu tragedia vende, Magaly. Y vende que da miedo, como pan caliente, Aquella noche, tu personal infierno se convirtió en la mejor alternativa de entretenimiento para miles de familias peruanas. Pero no me malentiendas. No es nada personal. La farándula es así. Tú y yo somos periodistas y nos entendemos. Así es nuestro trabajo y tú lo sabes. Así es Chollywood. Tú eres una persona pública. Y ya se sabe que todo, absolutamente todo lo que le pase a las personas públicas es noticia. No sabemos hacer otra cosa: nos limitamos a mostrarle al público la realidad, por más triste o cruda u horrenda que parezca, nos limitamos a hablarle con pruebas, con testimonios, con i-má-ge-nes. Y si no les gusta lo que ven pues… son todos libres de usar el poder del control remoto, ¿no es verdad?
Pero nadie cambió de canal para no verte llorar. Todos te vimos. Nadie hizo zapping mientras, con un abismo creciéndote en el pecho y las manos crispadas, cruelmente esposadas, intentabas disimular la inminencia del llanto camino de esa ominosa soledad que apenas te abría sus pesadas puertas. Nadie cambió de canal en señal de compasión o solidaridad contigo. Al contrario, al verte así se quedaron todos fascinados, hechizados, alelados, pegados, recontra pegados, cual si se tratara de la escena cumbre de la mejor telenovela brasileña. Tus lágrimas fueron del más completo agrado de nuestra exigente audiencia. Tu desesperación fue su solaz, su éxtasis, su vacilón. ¿Suena monstruoso? Son gajes del oficio, colega. Yo no inventé las reglas. Es así como funciona este negocio: bien lo dice la inmortal sentencia de Santa Mónica Adaro: Business son business, remember?
Tu pesadilla ha terminado convirtiéndose en el escandalete del año. Tu dolor y el de tu familia son hoy el chismecito de moda, el temita obligado de todas las sobremesas, de todas las tertulias de café, eres la comidilla favorita de la temporada. Tu encierro vende montañas de periódicos, genera jugosos dividendos para todos, hace –en suma- mucho bien. Tanto que hasta nos ha hecho desear en secreto, culposamente, que tu martirio se prolongue muchas semanas, muchos meses. Que dure hasta que la gente se aburra y bostece y se canse de la monotonía de verte desangrándote al infinito y nos exija una nueva víctima en su menú. No nos odies si, en secreto, deseamos que tu pena dure, por lo menos, hasta que el canal nos renueve el contrato por un año más. Si –con tu ayuda- las cifras de audiencia siguen así, quizá hasta nos ligue un buen aumento.
Bueno, basta. Ya estuvo suave. A estas alturas ya te habrás dado perfecta cuenta de lo que te estoy tratando de decir: no celebré tu crucifixión como tú alguna vez celebraste la mía en medio de globos, pica-pica y serpentinas, No me reí a carcajadas. No di de brincos. No propuse un brindis. No bailé el tao-tao. No aplaudí. Pero para serte absolutamente franco, tampoco me eché a llorar ovillado -como un feto en un rincón- como sí recuerdo haberlo hecho las innumerables veces en que complaciste tu ego a fuerza de hacerme mierda ante todo el país y de exigir para mí, golpeando la mesa, muchísimos años de cárcel. Y así como siempre supiste que Paolo Guerrero no se amaneció juergueándose, que Déborah de Souza no era una vil estafadora, que Claudia Cisneros jamás destruyó ningún hogar, que César Ritter se defendió porque ordenaste que lo provocaran adrede, que Pietro Sibille no acuchilló a su vecino ni vendió nunca pasta básica, que a Yesabella la sembraste con Lalito Arancibia, el fumón de la cuadra de Ney en Salamanca al que luego tuviste que esconder de la prensa en Puerto Palmeras y que la famosa trampa del Tenchy Ugaz llegó hasta Trujillo con pasaje pagado por ustedes, llevada de la manito por tus fieles chacales….así como, en el fondo de tu improbable corazón sabes todo eso, sabías perfectamente que estabas mintiendo cuando tu boquita letal me acusaba de ser una amenaza para los niños. Sabías –porque eras mi amiga- que no soy violador ni depravado sino apenas gay.
Y lo sabías porque yo mismo te lo había contado. Porque eras mi amiga y yo te lo había confiado décadas atrás como lo hice siempre con mis amigos. Sabías que yo había decidido que mi madre –enferma, además- no lo supiera, porque temía que nunca lo iba a comprender y quería ahorrarle ese sufrimiento inútil que tú –no sé con qué derecho- decidiste infligirle tergiversándolo todo, ensuciándolo del modo más infame, agravándolo al máximo, elevando su aturdimiento y su confusión a la millonésima potencia. Ahora que mi mamá ya murió, (y yo deseo que eso no te ocurra estando lejos de su lado como hoy estás), no esperarás que te lo agradezca: me sacaste del closet a patadas para arrojarme de cabeza al desagüe. ¿Sabes cuánto tarda uno en sacarse esa mugre de encima? ¿Cuánto hay que esperar para que ese olor –y ese dolor- se disipen y puedas volver a salir a la calle sin que la gente te escupa por algo que nunca hiciste? ¿Sabes cuánto hay que esperar para poder volver a vivir en paz? No lo sabes. Te lo cuento: Años, décadas, una vida y, a veces, más. La vida entera a veces no alcanza para curarse, para pararse, para limpiar lo que a ti te toma un par de minutos enmierdar.
Un consejo: no trates de convertirte en un símbolo de la libertad de prensa porque sabes, de sobra, que no lo eres. Eres el símbolo de muchas otras cosas, pero de eso no. Nadie te está amordazando ni censurando, nadie te está usando de cortina de humo ni hay ninguna mano negra detrás de tu caso como tratan de hacerte creer tus ayayeros solitarios: esos tragicómicos figurettis que ahora salen a defenderte con una pasión tan genuina como la que anima a ese par de náufragos fujimoristas, tan amiguitos de tu Nakasaki o a esa lamentable portátil barraconera y tebeciana que te lanza porras por cinco luquitas para tener con qué fumar. ¿Quiénes son tus amigos ahora? ¿Alex Otiniano, Monique Pardo, Lúcar, Pajarito? Abre los ojos. ¿Tu amigo Bayly ha declarado a tu favor?, ¿tu amigo Hildebrandt?, ¿Quién recolecta firmas de intelectuales notables para exigir tu liberación? ¿Dónde está la fila de los líderes de opinión dispuestos a poner por ti las manos al fuego? A tu canal no le importas tú, le importa la plata que le generas, ¿o acaso no leíste la carta que le mandaron a la jueza aclarando que no pagarán la reparación civil porque "no tienen ninguna relación laboral contigo"? Estás solita, Magaly. Sola con tu alma. Fíjate qué extraordinaria oportunidad: aprovecha ahora que has vuelto a ser una NN entre las reas para zambullirte hacia adentro y ponerte a buscar y, quién sabe, reencontrarte con la que antes fuiste, la que creíste haber perdido para siempre en medio de tanto psiquiatra, tanto Louis Vuitton, tanta alhaja y tanta cirugía.
No te creas el cuento de que –como tan legendariamente declaraste a la radio al salir del juzgado- estás «pagando el alto precio de decir la verdad en el Perú». Juaaaat? Estás pagando el alto precio de no decirla y lo sabes. Saltaste muy alto, tigresa. Calculaste mal. Te alucinaste más bacán de lo que eras y cagaste. Nada más. Y ahora estás pagando la misma factura que a mí me tomó cuatro largos años pagar: la factura de la crueldad que –créeme- es la factura más cara de todas. Cancélala, Magaly. Depón tu soberbia. Apágate un poquito. Ya no te envalentones. No te achores, no guerrees: ya perdiste. Aquiétate. Serénate. Cómete tu cana, mamá. Calladita. Suavecita. Caballera. Toca fondo sin roche. Sin temor al qué dirán. Nada demasiado malo te ha de pasar. Y si una noche, durmiendo en el piso de tu celda, sueñas con Dios pídele que bendiga tu soledad. Antes de lo que nadie se imagina, saldrás libre y tu hijo y tu vieja estarán esperándote con flores en la puerta. Entonces entenderás que fuera de eso, no tienes nada. Y volverás cambiada, renacida, mejorada y seguro que –habiendo vivido todo lo que aún te falta por vivir- escribirás tu best-seller y tendrás más éxito que nunca. Pero esta vez te lo pensarás dos veces antes de volver a esparcir más mentira, más odio y más dolor en este pobre país que ya tiene demasiado.
Ya no llores, Magaly. Resiste.
Beto Ortiz
lunes, 13 de octubre de 2008
Lo peor: lo que más me molesta
A ver ... ¿qué cosas me molestan más?
Sin orden de desagrado, estas son algunas:
1. El claxon sin razón. En general todos los ruidos innecesarios.
2. Los Nextel a todo volumen. Tanto su pitido como el ruido del interlocutor a todo volumen. Como si fuese muy difícil bajarle el volumen al aparatito.
3. Los frescos q estacionan su carro sin importarles si obstruyen a otro carro o a los peatones.
4. La amnesia política de los peruanos.
5. Los que hablan por celular gritando. El micrófono del teléfono está a 5 cm. de la boca y algunos se desgañitan gritando.
6. El calor de verano.
7. Las películas extranjeras traducidas al español. La traducción es mala y le mutila al actor su talento interpretativo. Para eso están los subtítulos q, sin ser perfectos, son mejores.
8. Las malas traducciones de los títulos de las películas extranjeras. ¿Cómo terminó Ocean's Eleven convertida en La Gran Estafa?
9. Los titulares de los periódicos chicha. Y todo el contenido.
10. El spam telefónico. Me refiero a los recontra espesos de los bancos que te llaman al celular y te envían SMS para q te afilies a sus tarjetas de crédito.
11. La actitud de los futbolistas de reclamar al árbitro con gritos. ¿Acaso los árbitros pueden cambiar sus decisiones? ¿Acaso no son ellos la máxima autoridad? En el poco fútbol europeo q he visto no hay tales reclamos absurdos.
12. El olluquito con charqui y el trigo.
13. Estornudar.
14. El tráfico limeño.
En otro post pondré lo q más me gusta.
Y por favor, opinen ...
Sin orden de desagrado, estas son algunas:
1. El claxon sin razón. En general todos los ruidos innecesarios.
2. Los Nextel a todo volumen. Tanto su pitido como el ruido del interlocutor a todo volumen. Como si fuese muy difícil bajarle el volumen al aparatito.
3. Los frescos q estacionan su carro sin importarles si obstruyen a otro carro o a los peatones.
4. La amnesia política de los peruanos.
5. Los que hablan por celular gritando. El micrófono del teléfono está a 5 cm. de la boca y algunos se desgañitan gritando.
6. El calor de verano.
7. Las películas extranjeras traducidas al español. La traducción es mala y le mutila al actor su talento interpretativo. Para eso están los subtítulos q, sin ser perfectos, son mejores.
8. Las malas traducciones de los títulos de las películas extranjeras. ¿Cómo terminó Ocean's Eleven convertida en La Gran Estafa?
9. Los titulares de los periódicos chicha. Y todo el contenido.
10. El spam telefónico. Me refiero a los recontra espesos de los bancos que te llaman al celular y te envían SMS para q te afilies a sus tarjetas de crédito.
11. La actitud de los futbolistas de reclamar al árbitro con gritos. ¿Acaso los árbitros pueden cambiar sus decisiones? ¿Acaso no son ellos la máxima autoridad? En el poco fútbol europeo q he visto no hay tales reclamos absurdos.
12. El olluquito con charqui y el trigo.
13. Estornudar.
14. El tráfico limeño.
En otro post pondré lo q más me gusta.
Y por favor, opinen ...
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